Inspirar, retener, expirar. Con lentitud, consciencia y profundidad. Además de ayudar a un mejor funcionamiento del organismo, una respiración adecuada nos garantiza una mayor vitalidad y relajación mental. Existen distintas técnicas respiratorias: una para cada momento y necesidad.
¿Quiere llenarse de paz, recargar su energía emocional y mejorar su estado de ánimo y equilibrio psicológico? ¿Le gustaría olvidarse de la tensión nerviosa y sus molestas consecuencias corporales? Para sentirse y funcionar mejor, no necesita pastillas ni fórmulas mágicas. ¡Basta con aprender a respirar bien!
Que respiremos de forma automática e intuitiva sin pensar en ello, no significa que lo hagamos bien ni aprovechemos bien todos los beneficios de la oxigenación pulmonar. Al contrario: la mayoría de las veces respirar de forma automática equivale a hacerlo de forma deficiente y nada provechosa.
Habitualmente mantenemos una respiración entrecortada, superficial y acelerada, que deja gran parte de nuestros pulmones sin utilizar e impide que las células se mantengan limpias y oxigenadas como debieran, lo cual resulta vital para la salud de los tejidos y la sangre y el funcionamiento del organismo.
¿Cómo saber si en nuestro día a día estamos respirando bien o, al contrario, lo hacemos de forma deficiente, saboteando inadvertidamente nuestra energía, salud y bienestar?
Para comprobarlo basta con hacer una sencilla prueba centrada en una de las actividades más habituales y naturales en nuestra vida diaria, que suele ser un buen indicador de la forma en que gestionamos habitualmente el aire que se intercambia entre nuestros pulmones y la atmósfera, que también solemos realizar de forma automática: el caminar.
Al salir de compras al supermercado, dar un paseo por el parque, centro comercial o la calle, de camino o vuelta al trabajo, o al realizar cualquier tipo de gestión, durante unos minutos hemos de intentar decir una serie de frases en voz alta
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