La forma de preparar el pavo, los encuentros, e incluso, los roces familiares son algo común en los millones de hogares estadounidenses el día de Acción de Gracias, una fiesta que está perdiendo su aroma tradicional y se abre a otras formas de celebración.
En un rojo menos vivo que los de Halloween y Navidad, las llamativas celebraciones que lo enmarcan en el calendario, el último jueves de noviembre destaca, desde hace más de dos siglos, como la fiesta más familiar del año en Estados Unidos.
Con semanas de antelación, profesores de todo el país empiezan a recordar a los niños que esta celebración, que tiene lugar en torno a la mesa, es para conmemorar la primera cosecha de los colonos ingleses, aquellos que al despuntar el siglo XVII llegaron, a bordo del icónico Mayflower, a las costas del nuevo mundo.
Pero, como en casi todas las fiestas, el origen de la tradición ha perdido importancia, y son pocos los que recuerdan a los peregrinos cuando se sientan a cenar. Como son pocos los que reconocen en el menú de ese día los rastros de los primeros frutos de aquella plantación de Plymouth (Massachusetts).
Pero la fruta seca, la calabaza y las verduras que ayudaron a los colonos a sobrevivir los crudos inviernos de nueva Inglaterra siguen teniendo hoy una cita con el mantel, ya sea como acompañamiento, salsa, o pastel horneado.
En cambio, la carne que cocinaron para acompañar el festín fue de ganso, oca, pato o incluso fueron langostas, en esos tiempos abundantes en la zona y, desde luego, no tan apreciadas ni tan caras. Vamos, nada que ver con el pavo imprescindible en la mesa de la Acción de Gracias contemporánea.
GRACIAS POR EL PAVO
Aunque no está claro cómo llegó a convertirse en el protagonista de esta comida, el pavo estructura
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