La comida rápida contribuye con el desarrollo de la obesidad por la alta densidad energética de sus ingredientes, el gran tamaño de las porciones y el bajo costo que invita a consumirla con frecuencia.
Además de algunos alimentos de origen anglosajón, como las hamburguesas, los hot-dogs y las papas fritas, los establecimientos de comida rápida incluyen en sus menús otros alimentos como la pizza, los burritos, la comida china, la lasaña, entre otros.
El consumo de este tipo de comida no es malo para la salud, siempre y cuando, no se convierta en un hábito que sustituya a los alimentos más básicos.
¿POR QUÉ LA COMIDA RÁPIDA
PUEDE SER MALA PARA LA SALUD?
> Por su alto contenido calórico. Sea el origen que tengan cada uno de estos alimentos, todos tienen algo en común: una elevada densidad energética debido a su alto contenido en grasas y carbohidratos.
> Por su alto contenido en grasas saturadas. Algunos ingredientes como el huevo, la mantequilla, el aceite y la manteca contienen grasas saturadas que, en exceso, tienden a aumentar los niveles de colesterol en la sangre.
> Por su bajo contenido nutricional. Aunque estos alimentos aportan proteínas de calidad en ingredientes como el huevo y las carnes, la mayoría de ellos no contienen suficientes fibras, vitaminas y minerales.
> Por sus aditivos. Para darle a los alimentos una apariencia apetecible –en cuanto al color, el olor y el sabor–, se le añaden colorantes, conservadores, condimentos y otros aditivos que estimulan el sentido del gusto y el apetito.
> Porque dificultan la digestión. La mayoría de estos alimentos son fritos o empanizados, y la grasa que se utiliza puede causar indigestión.
SLOW FOOD, EL VALOR
DE DISFRUTAR EL MOMENTO
El concepto de slow food o de “comida lenta” se opone al de fast food o comida
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