Científicos brillantes que en su vida personal eran el colmo del despiste; Arquímedes, desnudo y corriendo como un loco por las calles de Siracusa, o aquel poeta romano que estaba convencido de que comer palomas adormecía el apetito sexual. La historia de la ciencia recoge sus logros, pero ahora también podemos conocer sus inventos fracasados y sus manías más curiosas.
Los anales de la ciencia están repletos de teorías que han cambiado la humanidad. Pero, a pesar de que en el recuerdo permanecen los triunfos, lumbreras como Newton, Arquímedes o Aristóteles también tuvieron ideas estrambóticas y fracasos estrepitosos que poco se comentan en las aulas.
Plinio el Viejo dedicó su vida a la ciencia hasta que esta acabó con él; Arquímedes paseó su cuerpo desnudo por las calles de Siracusa gritando "¡eureka!", e Isaac Newton fue pillado "in fraganti" observando atentamente un huevo mientras cocía en el fuego su reloj.
Los científicos y sus "locos experimentos" han inspirado al escritor estadounidense Ian Crofton, que ha publicado recientemente el libro "Historia de la ciencia sin los trozos aburridos", con el objetivo de "pasear ociosamente por los caminos apartados y poco transitados de la historia de la ciencia", según apunta en su introducción.
EL "EUREKA" ORIGINAL
Arquímedes se conoce como el que resolvió el problema de determinar el volumen de un objeto de forma irregular. Hierón II, rey de Siracusa, le había pedido al físico que comprobara si su nueva corona era realmente de oro sólido.
Muchas vueltas le dio Arquímedes al asunto y no le venía a la cabeza ninguna idea hasta que, harto de pensar sin resultados, se sumergió en un cálido baño y, de repente, advirtió que el nivel del agua subía a medida que él se zambullía.
Así se dio cuenta de que podía medir el volumen de cualquier objeto sumergido dividiendo su peso por su
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