El rendimiento mental puede disminuir cuando el cuerpo pierde demasiado líquido, especialmente en las épocas de sobreesfuerzo como los exámenes o los picos de trabajo. No reponer los líquidos que se pierden puede afectar la memoria, la atención, las habilidades aritméticas y la concentración.
“¡Está más claro que el agua!” suele afirmarse para dar a entender que un determinado asunto resulta evidente y no admite ninguna duda o interpretación diferente.
Lo cierto es que para quien no consume suficiente agua o bien no repone adecuadamente la que ha perdido su cuerpo, las cosas pueden no estar demasiado claras, porque la deshidratación afecta en diversos grados el rendimiento intelectual, de acuerdo a un estudio del Observatorio de Hidratación y Salud (OHS).
Para evitar que las neuronas sufran por falta de agua, los expertos del OHS recomiendan, especialmente en épocas en que se realice un esfuerzo mental más intenso como los exámenes, la preparación de proyectos o las entrevistas laborales, mantener una buena hidratación, bebiendo de dos a tres litros de agua al día, a través de agua, infusiones, refrescos, zumos y lácteos, entre otros.
El rendimiento mental puede disminuir con la deshidratación, sobre todo cuando el cuerpo pierde más del 2 por ciento de líquidos. La ingesta frecuente y en pequeñas cantidades de líquidos, ayuda a mantener este óptimo equilibrio hídrico.
Son algunas las conclusiones de la Revisión Bibliográfica “Hidratación en temporadas de esfuerzo mental intenso”, realizada por el Observatorio de Hidratación y Salud (OHS).
Las investigaciones recopiladas por el OHS muestran que una leve pérdida del equilibrio hídrico puede afectar, de manera más o menos intensa, la capacidad de atención, la memoria a corto plazo y puede influir en la actividad mental rutinaria o en la concentración.
Conforme avanza el tiempo y el nivel de deshidratación, se detecta un mayor descenso de las
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