¡No pierda la esperanza! La mayoría de la gente recupera su felicidad tras perder su trabajo. Tampoco espere al crecimiento económico para disfrutar de la vida ya que a largo plazo no provoca un mayor bienestar emocional, según se desprende de dos estudios de las universidades de Nueva York y California del Sur.
Aunque algunos países parecen estar saliendo a flote, en otros la crisis económica y financiera sigue golpeando con fuerza en muchos sectores de la economía y en infinidad de hogares. La cantidad de personas inscritas en las oficinas de desempleo o que se quedan “en la calle” sin trabajo, no deja de aumentar. Muchos llevan meses o incluso años buscando empleo sin conseguirlo.
Ante una situación tan desfavorable y duradera, la desmoralización empieza a ser presa de muchas personas, que acaban “tirando la toalla” o sintiendo que su vida ya nunca volverá a ser como antes y los buenos tiempos ya no regresarán.
Otros, aguantan estoicamente la adversidad, con talante agrio y triste, mientras se ajustan el cinturón, repitiéndose a sí mismos que ya se permitirán ser felices cuando cambie la dirección del viento y consigan trabajo o mejore su situación económica.
Al parecer, ambas actitudes son poco aconsejables, no sólo porque reducen las posibilidades de encontrar soluciones y salidas y aumentan las de caer en la depresión y el desánimo, sino además porque no se corresponden con realidad: la felicidad no se pierde definitivamente después de quedarse sin trabajo ni tampoco depende tanto de la prosperidad económica, según se desprende de dos investigaciones estadounidenses.
Después de un año, la mayoría de las personas que se han deprimido por quedarse sin trabajo vuelven a recuperar los niveles de felicidad que tenían previamente y solo unos pocos no se recuperan emocionalmente del desempleo, según un estudio liderado por el investigador en
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