¿Es usted de esas personas a las que la vorágine de la Navidad le provoca un invariable estrés? ¿Abomina las aglomeraciones, el consumismo desenfrenado y las orgías culinarias? Como antídoto le proponemos, más allá de creencias religiosas, una vuelta a los valores tradicionales de estas fiestas: una Navidad hecha en casa.
Llega la Navidad y un año más nos vemos inmersos en una espiral de compras, trancones, multitudes que empujan cargadas de paquetes, filas interminables para fotografiarse con el rey mago de turno y, al final de todo ello, una cuesta de enero que este año se antoja más insalvable que nunca.
La alternativa, que no sólo aliviará su ánimo sino también su bolsillo, es volver la vista hacia lo que ya tenemos e intentar dar a estas fechas un enfoque distinto en el que los protagonistas sean nuestros seres queridos y el tiempo que les dedicamos.
Por ello, la primera medida que le sugerimos es que se haga a usted y a los que le rodean, el más valioso de los regalos... ¡el tiempo!
Empecemos con una de las situaciones más habituales. Los niños de vacaciones en casa, y ese empeño que tienen los padres de llevarlos a todos los eventos posibles para tenerlos entretenidos: belenes, el circo, el estreno de la esperada película, la foto con los Reyes Magos o Papá Noel, el despliegue efectista de los grandes almacenes.
Ahora, haga cuentas, pero sobre todo visualice: sume el tiempo que pasarán todos encerrados en el coche en atascos de tráfico a la ida y a la vuelta. O embutidos en un vagón de metro. Los empujones. Las filas kilométricas. ¿Le gusta la imagen?
ENTRETENIMIENTOS CASEROS
Es probable que sus retoños tengan ya cinco o seis fotografías con el icono navideño de turno. Que las proezas de trapecistas y payasos las conozcan al dedillo -incluso con capacidad
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