Las compras navideñas, los regalos que haremos a familiares, amigos, colegas y conocidos requieren toda una estrategia de planificación, y no sólo porque el bolsillo es el primero en poner freno al despilfarro típico de estas fiestas, en las que -quien más quien menos- todos gastamos más de lo que tenemos y podemos. El problema es ¿qué regalo elegir?, ¿comprarlo pronto o esperar hasta el último momento?, ¿preguntar antes de comprar o hacer que el regalo sea toda una sorpresa?
Hacer las compras navideñas con antelación supone un importante ahorro, que algunos sondeos sitúan en el 30 por ciento, ya que los alimentos, los regalos, los trajes de fiesta y el sinfín de adornos y objetos que se consideran imprescindibles en estas fechas aún no han disparado sus precios.
PERO, ¿Y SI CAMBIA DE OPINIÓN?
Y es que pocas cosas pueden estar ya decididas en noviembre. ¿Qué pasa si en vez de pavo este año optamos por un lechoncito con un sabroso adobado?, ¿y si la abuelita decide que no quiere el vestido estampado y que le vendría mejor una cartera como las que vio en la revista aquella? Y eso sin hablar de los niños, porque ellos sí que son una fuente inagotable de sorpresas, cambios y dudas a la hora de pedir los regalos de Navidad.
Total, que lo mejor es dejarlo todo para los últimos días, aunque toque correr de un lugar a otro, cargar bolsas y más bolsas, guardar paquetes inmensos en armarios que nunca habíamos imaginado tan grandes, intentar no confundirnos con las listas para que el tío Pepe no termine recibiendo de regalo los zapatos de tacón que son en realidad para Mariela.
Los organizados habitantes de las tierras más frías de Europa suelen preguntar a sus familiares y amigos qué quieren de regalo, y así van "sobre
...