El aumento en el consumo de sal es una constante en la alimentación actual, a pesar de la posibilidad de sustituir dicha sustancia por otras menos perjudiciales y de las enfermedades que pueden derivarse de su uso abusivo.
Uno de los principales problemas relacionados con la salud que afectan a la población mundial en el siglo XXI son los cambios registrados en los hábitos de alimentación. La aparición de las cadenas de comida rápida o "fast food", el rápido ritmo de vida y la utilización, cada vez mayor, de comida precocida, ha desembocado en un aumento considerable en el consumo diario de sal por habitante.
RICOS EN SODIO
El consumo de sodio es necesario ya que, gracias a él, el organismo es capaz de mantener el equilibrio iónico y retener el agua suficiente para conseguir un buen nivel de hidratación.
Tal y como ha demostrado un estudio de la Escuela de Salud Pública de Harvard (EE.UU.), "los estadounidenses no disminuyeron el consumo de sal en los últimos 50 años", situación que podría extrapolarse a otros países del globo terráqueo.
Esto se debe a que no sólo hay que pensar en la sal de adicción que nosotros añadimos a los platos, sino que también hay muchos alimentos ricos en sodio.
Esto trae consigo que, la presencia del sodio en nuestra alimentación llegue a situarse por encima de la cifra diaria recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) de unos 2.400 miligramos diarios.
En los últimos años se han tomado medidas para lograr una minimización del uso de sodio en las costumbres alimenticias mundiales, llegando a tal punto que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha apostado por una yodación universal de la sal, de tal manera que con la ingesta diaria normal de sal (unos 3 gramos/día) se puedan cubrir las necesidades diarias de yodo.
HIPERTENSIÓN
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