Los sonidos musicales son saludables y agradables y pueden ser tanto un estímulo como un bálsamo para el cuerpo y la mente. Pero no en todos los momentos. Escuchar melodías de fondo puede perjudicar los hábitos de estudio, porque las variaciones acústicas perjudican la capacidad del cerebro para retener la información que recibe.
La música no sólo amansa a las fieras y a menudo nos alegra la existencia, sino que también puede contribuir a que nuestra vida sea más larga y con menos contratiempos de salud y ánimo.
Distintas investigaciones científicas demuestran que cuando una persona escucha regularmente melodías suaves y relajantes, y sobre todo que sean de su preferencia independientemente de si es clásica o moderna, ello influye positivamente en su estado de ánimo, emociones y actividad mental, así como en su respiración, ritmo cardiaco y otros mecanismos fisiológicos.
Escuchar la música adecuada en el momento adecuado puede contribuir a que una persona duerma mejor, elimine su tristeza, calme su ansiedad, alivie su dolor de cabeza, consiga más energía vital, reduzca su tensión arterial, estimule la sexualidad y mejore su digestión, entre otros efectos beneficiosos.
Las melodías también son buenas aliadas de las caminatas y sesiones de gimnasia, porque aumentan la motivación para desarrollar actividades físicas y un estímulo para entrenar.
No obstante, toda regla tiene excepciones: en ocasiones escuchar canciones o piezas musicales puede ocasionar más perjuicios que beneficios, incluso si su audición se efectúa ‘en segundo plano’, mientras se realiza otra actividad principal, y en apariencia no se le preste demasiada atención a lo que entra por el oído.
Una investigación dirigida por el investigador Nick Perham, catedrático de Psicología de la Universidad de Gales en Cardiff (Reino Unido) ha encontrado que estudiar para un examen mientras se escucha música no resulta fructífero sino todo lo
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