La obsesión por un cuerpo perfecto, la baja autoestima y los cánones estéticos de moda predisponen, con el buen tiempo en el verano, al aumento de entre un 25 y un 30 por ciento de las demandas en centros hospitalarios por trastornos alimentarios. Las recaídas también son más frecuentes.
Las costumbres que conlleva, el buen tiempo, con más tiempo libre para el ocio, menos rutinas laborales o pedagógicas y mucho más espacio para abrir la nevera y sufrir “atracones”, aumenta el riesgo de vulnerabilidad.
Acerca de la obesidad infantil, muy presente en los países desarrollados, se alerta sobre el peligro de las nuevas tecnologías y el sedentarismo que conllevan. Se proponen actividades deportivas para los menores.
Además de una predisposición genética, con el buen tiempo, aumenta la preocupación por la imagen corporal. Muchas personas hacen cambios en su alimentación con el objetivo de conseguir reducir peso de forma rápida mediante dietas supuestamente inofensivas, pero poco equilibradas y sin ningún control médico.
También, las costumbres que conllevan las vacaciones tanto en el verano como al finalizar el año, con más tiempo libre para el ocio, menos rutinas laborales o pedagógicas y mucho más espacio para abrir la nevera y dejarse llevar por los “atracones”, hace que el riesgo de vulnerabilidad aumente.
PREVER Y EVITAR TRASTORNOS
La anorexia y bulimia, junto con la obesidad infantil, son los trastornos alimentarios más preocupantes de los países desarrollados en el siglo XXI. Con la llegada de las vacaciones, el entorno familiar y los amigos se dan mejor cuenta de la extrema delgadez de sus seres queridos, de su obsesión por el control de las calorías, de un mayor consumo de productos dietéticos, de las excusas para no participar en las comidas familiares, de los ayunos prolongados. Entonces la luz de alerta se pone en rojo.
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