automóvil, como un accesorio indispensable de patriotismo.
Los alrededores del barrio de La Merced, una zona comercial de las más populares de la capital, y el Mercado Sonora, al que los mexicanos acuden a buscar la suerte, se llenan de banderas, cornetas, adornos, huevos rellenos de harina, y "cuetes" (petardos), muchos de procedencia china y cuya posesión es un delito, y ahora de botellas de espuma para jugar con los amigos.
El 15 de septiembre. Cientos de miles de personas se dirigen a las plazas para vivir la fiesta, para participar de una fiesta que está en cada presupuesto de gobierno municipal.
Danzantes, mariachis, puestos de comida típica y como actor central, una campana que harán sonar para corear los "¡Viva México!".
Muchos más se quedan en casa, donde se prepara una cena mexicana con un menú en el que puede elegirse entre una variedad como el pozole, pancita, tostadas, tacos, tamales, sopes, pambazos, quesadillas, chiles en nogada, y sin faltar los dulces típicos como las alegrías, las pepitorias, la calabaza, el camote, los higos.
Los puestos donde se vende carne de cerdo son los más visitados en estos días, al ser este animal el ingrediente básico de muchas de los platillos, desde el pozole hasta los tamales.
El tequila siempre es el aperitivo de la jornada, y si llega con música mexicana al son del mariachi como el "México lindo y querido", siempre es mejor.
Apenas una pausa para constatar el grito por la televisión, para seguir con la cena. Un platito de pozole, maíz cocido con carne de cerdo, adornado con lechuga, rábano y cebolla, otra vez los tres colores de la bandera y unas tostadas de maíz. Esa noche, todo huele y sabe México.
Los tamales -masa de maíz envuelta en hojas de elote- se preparan con salsa verde, salsa roja, y con queso, acompañados
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